Un eficiente ejecutivo que trabaja para una firma de recortes de personal, está a punto de tener su experiencia más humana a través de encontrar a su igual y a una joven chica que quiere revolucionar su negocio.
Hay tantos ángulos desde donde se puede hablar de esta cinta -responsabilidad social, management, internet, matrimonio, soledad…- que está desde ya, destinada a convertirse en un clásico.
Ryan Bingham, un brillante George Clooney, es un “terminator” de nuestros días; no es un eufemismo, es más bien una válida alegoría, ya que su labor es exactamente esa: terminar gente. La firma para la que trabaja es contratada cuando una compañía decide ejercer un fuerte recorte de personal y no quiere lidiar con las reacciones de sus propios empleados. Así, Bingham es el responsable de entrevistarse personalmente con cada uno de los empleados, para darles la mala noticia.
Para él, la vida es perfecta; no tiene una oficina desde donde despachar, ya que viaja la ma Leer más Un eficiente ejecutivo que trabaja para una firma de recortes de personal, está a punto de tener su experiencia más humana a través de encontrar a su igual y a una joven chica que quiere revolucionar su negocio.
Hay tantos ángulos desde donde se puede hablar de esta cinta -responsabilidad social, management, internet, matrimonio, soledad…- que está desde ya, destinada a convertirse en un clásico.
Ryan Bingham, un brillante George Clooney, es un “terminator” de nuestros días; no es un eufemismo, es más bien una válida alegoría, ya que su labor es exactamente esa: terminar gente. La firma para la que trabaja es contratada cuando una compañía decide ejercer un fuerte recorte de personal y no quiere lidiar con las reacciones de sus propios empleados. Así, Bingham es el responsable de entrevistarse personalmente con cada uno de los empleados, para darles la mala noticia.
Para él, la vida es perfecta; no tiene una oficina desde donde despachar, ya que viaja la mayor parte del año; pese a estar rodeado de ella, jamás se involucra a fondo con la gente; es altamente eficiente; dicta conferencias sobre cómo cortar ataduras en la vida, físicas o emocionales, bajo la metáfora de vaciar la maleta, e irónicamente, parece disfrutar enormemente de su vacío emocional… hasta que, en este mundo de solitud, viajando de aeropuerto en aeropuerto y casi sin quererlo, rompe su propia filosofía y hace una verdadera conexión.
Y como dicen que las calamidades no llegan solas, el internet está a punto de cambiar su vida, de la mano de una joven y hambrienta ejecutiva que sugiere revolucionar la empresa en pro del ahorro… y la deshumanización absoluta de la misma; es una ironía que sea éste uno de los regalos más irónicos e indeseados de la tecnología, especialmente del internet, las redes sociales y el 2.0
En un estilo tragicómico que por momentos me evocó a Jerry Maguire, aunque con mucho más realismo, Up in the Air pone el dedo en la llaga de nuestro mundo empresarial, donde la responsabilidad social es tan solo una bonita etiqueta y no una forma de gestión. La cinta exhibe de manera cruda no sólo la indiferencia, sino incluso el desprecio que las compañías practican con sus empleados. Así mismo es un estupendo retrato del lado más frío de los ejecutivos de hoy, con agendas llenas de nombres pero sin relaciones reales, individuos de alta eficiencia abandonados a la miseria de su solitario éxito. En este marco, no puedo pensar en otro actor que pudiera haber construído el magnífico papel que Clooney logró; y debo decir lo mismo para la radiante Vera Farmiga, quien, tal como ella misma se describe en uno de los diálogos de la cinta, tiene el mismo rol que Clooney, sólo que con vagina.
Además del gran cast, el trabajo del director y guionista, Jason Reitman, es notorio, casi poético (nominación asegurada.) Difícil creer que sea apenas su tercera película; aquí se vislumbra una de las grandes promesas del 7o arte. Reitman logra tratar temas profundamente polémicos con una sutileza tan elegante y humana que los hace parecer como cotidianos ¿Recuerdan Thank You for Smoking y Juno?
Hay que decir que la cinta está basada en la novela de Walter Kirn, escrita hace casi diez años… indudablemente fue una buena mirada al frío futuro corporativista y tecnológico que hoy estamos viviendo. Una película que sin duda alguna será una de las protagonistas en varios renglones durante la noche de los Oscar.
Si eres un frío ejecutivo, si te gusta la responsabilidad social, crees en internet o simplemente te han despedido alguna vez… no puedes dejar de ver esta joya.
Fuente: Cinenganos.com Cine Premiere - C. Albarrán Torres
El 2009 fue un año catastrófico no sólo para la macroeconomía, sino también para millones de familias alrededor del mundo. En Estados Unidos y los países que dependemos del imperio del dólar, las oficinas vacías y los niveles de desempleo entre los white collars –presuntamente inmunes a los vaivenes financieros– dibujaron un panorama emocional desolador –lamentablemente, la cinta resultará catártica para miles de espectadores–. Con estas heridas aún frescas y sangrantes, Jason Reitman, director con perfecto porcentaje de bateo (Gracias por fumar, Juno), logra recrear este sentimiento masivo de impotencia y renovación contando la historia de Ryan Bingham, un tipo que vive, literalmente, en el aire, viajando de ciudad en ciudad, como un Ángel de la Muerte, para anunciar los finiquitos a los empleados desconsolados. Su único objetivo: alcanzar los diez millones de millas como viajero frecuente.
En una actuación que reafirma su estatus de leyenda, George Clooney ( Leer más El 2009 fue un año catastrófico no sólo para la macroeconomía, sino también para millones de familias alrededor del mundo. En Estados Unidos y los países que dependemos del imperio del dólar, las oficinas vacías y los niveles de desempleo entre los white collars –presuntamente inmunes a los vaivenes financieros– dibujaron un panorama emocional desolador –lamentablemente, la cinta resultará catártica para miles de espectadores–. Con estas heridas aún frescas y sangrantes, Jason Reitman, director con perfecto porcentaje de bateo (Gracias por fumar, Juno), logra recrear este sentimiento masivo de impotencia y renovación contando la historia de Ryan Bingham, un tipo que vive, literalmente, en el aire, viajando de ciudad en ciudad, como un Ángel de la Muerte, para anunciar los finiquitos a los empleados desconsolados. Su único objetivo: alcanzar los diez millones de millas como viajero frecuente.
En una actuación que reafirma su estatus de leyenda, George Clooney (el Cary Grant de hoy) emprende un viaje existencial en el que Ryan va de presumir una filosofía de vida que exalta sus nulos lazos filiales, a descubrirse como la metáfora perfecta de un aeropuerto: es un hermano, amante y colega de paso, que ofrece momentos placenteros pero efímeros, insubstanciales. Para esto, se acompaña de dos actrices que tienen, por mucho, los mejores papeles de sus carreras: Vera Farmiga como el affaire circunstancial y Anna Kendrick, la chavita sabelotodo que busca digitalizar el proceso de despido. Como en Juno, Reitman logra dotar de fuerza a los diálogos, pero sin dejar que interfieran con el ritmo interno del filme –una sinfonía de vidrio y aluminio, whisky de minibar y pantuflas de hotel, de reflexión y tomas reveladoras–. Ajeno a los clichés, el guión no se detiene y, episódico, introspectivo, evoca a clásicos recientes del American cinema, como Entre copas (Alexander Payne). De los mejores filmes norteamericanos de esta década moribunda: imprescindible.
–César Albarrán Torres
Fuente: Cine Premiere - C. Albarrán Torres
Relaciones de altura 1/2
Por Rafael Aviña
El torpe título en español de Amor sin escalas (EU, 2009), tercera película del joven y talentoso Jason Reitman (Gracias por fumar, Juno), está muy lejos de mostrar la carga dramática y la trascendencia del filme. La historia, sencilla en apariencia, consigue crear con mucha sutileza una serie de emotivas y divertidas viñetas sobre temas de una realidad social y emocional que ahoga a los países 'civilizados': la soledad, la falta de compromiso en las relaciones personales, el capitalismo voraz que se vale de las nuevas tecnologías y la eterna búsqueda de una felicidad que siempre se deja para el mañana. Ryan Bingham, es un viajero frecuente dedicado a hacer el trabajo sucio de otras empresas: despedir a los empleados. De tanto estar en el aire por motivos profesionales ha acumulado millones de millas y obteniendo a su vez todos los tratos preferenciales de aerolíneas, compañías hoteleras y de rentas de autos. Su vida transcu Leer más Relaciones de altura 1/2
Por Rafael Aviña
El torpe título en español de Amor sin escalas (EU, 2009), tercera película del joven y talentoso Jason Reitman (Gracias por fumar, Juno), está muy lejos de mostrar la carga dramática y la trascendencia del filme. La historia, sencilla en apariencia, consigue crear con mucha sutileza una serie de emotivas y divertidas viñetas sobre temas de una realidad social y emocional que ahoga a los países 'civilizados': la soledad, la falta de compromiso en las relaciones personales, el capitalismo voraz que se vale de las nuevas tecnologías y la eterna búsqueda de una felicidad que siempre se deja para el mañana. Ryan Bingham, es un viajero frecuente dedicado a hacer el trabajo sucio de otras empresas: despedir a los empleados. De tanto estar en el aire por motivos profesionales ha acumulado millones de millas y obteniendo a su vez todos los tratos preferenciales de aerolíneas, compañías hoteleras y de rentas de autos. Su vida transcurre en aeropuertos y hoteles sin personalidad, acompañado de una pequeña maleta y libre de ataduras sentimentales, lo que lo ha llevado a conformar una filosofía personal que suele exponer en conferencias motivacionales, hasta que se cruzan en su destino, Natalie (Kendrick), la jovencita emprendedora que intenta revolucionar la labor de despidos masivos y la atractiva Alex (Farmiga), otra viajera como él y posible mujer de sus sueños. Lo primero que sorprende en Amor sin escalas es la depurada madurez narrativa de un cineasta de tan sólo 32 años, quien consigue al mismo tiempo un relato de entretenimiento masivo en un tono de comedia agridulce y una profunda historia sobre la crudeza de las relaciones y los sentimientos de hoy en día y la independencia como una manera de eludir todo compromiso. Una puesta al día del cine de Frank Capra, en éste nuevo milenio. Más asombroso aún, el grado de humanismo que consigue Clooney con un personaje hecho a su medida: el tipo arrogante pero simpático, frío y seguro de sí mismo. Ni la Maestría en Psicología de Natalie, ni la gran carga de sensualidad de Alex –una pantalla para ocultar su propio mundo-, ni todas las millones de millas, tarjetas y experiencia de Ryan, pueden ocultar que en efecto: 'las relaciones son los componentes más pesados en la vida' (y por supuesto, los más satisfactorios), en un filme tan mordaz como conmovedor.
Fuente: Reforma - R. Aviña Canal TCM - Sergi Sánchez
No puedo negarlo: me lo pasé bomba viendo Up in the air. Pero no pude dejar de pensar, sobre todo mientras digería mi divertimento, que la película de Jason Reitman esconde una trampa que contradice lo que, en teoría, le da sentido. Que, al final, el discurso crítico del film se arrepiente para redimir, aunque sólo sea un poco, a su personaje.
Up in the air empieza con un montaje de reacciones de gente que ha sido despedida por ese tiburón de altos vuelos que es George Clooney. Poco antes del final, Reitman incluye otro montaje de estructura similar donde esa misma gente admite que el despido les ha ayudado a empezar de nuevo, a renovar su ajada piel de trabajadores corporativos. Reitman demuestra así que la arenga prefabricada de Clooney cumple su función: es una verdad casi absoluta, un argumento de vendedor que resulta en manual de autoayuda.
En los dos primeros tercios de la película Reitman consigue realizar una disección bastante aguda de los métodos monstruosos Leer más No puedo negarlo: me lo pasé bomba viendo Up in the air. Pero no pude dejar de pensar, sobre todo mientras digería mi divertimento, que la película de Jason Reitman esconde una trampa que contradice lo que, en teoría, le da sentido. Que, al final, el discurso crítico del film se arrepiente para redimir, aunque sólo sea un poco, a su personaje.
Up in the air empieza con un montaje de reacciones de gente que ha sido despedida por ese tiburón de altos vuelos que es George Clooney. Poco antes del final, Reitman incluye otro montaje de estructura similar donde esa misma gente admite que el despido les ha ayudado a empezar de nuevo, a renovar su ajada piel de trabajadores corporativos. Reitman demuestra así que la arenga prefabricada de Clooney cumple su función: es una verdad casi absoluta, un argumento de vendedor que resulta en manual de autoayuda.
En los dos primeros tercios de la película Reitman consigue realizar una disección bastante aguda de los métodos monstruosos por los que se rigen las grandes corporaciones para equilibrar su balanza de pagos. La construcción del personaje de Clooney es impecable, y él le aporta un encanto peligroso, porque, en esencia, es un galán terrorífico, un asesino de la clase obrera.
Me interesa la confrontación con los dos personajes femeninos, némesis o voces de la conciencia de nuestro dudoso héroe. Vera Farmiga logra sin aparente esfuerzo, y parafraseándola, ser Clooney con vagina. Anna Kendrick logra ser tan repelente como su personaje, una listilla a la que le falta más contacto humano y menos Internet para entender cómo funciona el mundo.
Lo dicho: perfecta química, ritmo endiablado, denuncia nada velada a una situación (la crisis) muy contemporánea. Pero esto es Hollywood, y Reitman cambia de idea: hay que darle a Clooney algo de bondad que mascar, algo de redención a la que abrazarse, para restituirlo como héroe. Y entonces es cuando la película mete la pata.
Fuente: Canal TCM - Sergi Sánchez
Doble de riesgo
124,500